MEMORIAS DEL SUBSUELO: UNA ABUELITA BRASILEÑA LUCHA POR LA AGRICULTURA ORGÁNICA EN EL REINO DE LOS PESTICIDAS
Diario El Campesino - Resistencia
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São Paulo es la mayor ciudad de América Latina, una especie de jungla de cemento en el que se amontonan casi 20 millones de seres humanos que, además de ocupar espacio físico, comen, duermen, sienten y padecen. Un topicazo. Menos conocido es este dato: el 31% de los alimentos que circulan por los estómagos de los mordorenses contienen pesticidas prohibidos en la mayoría de los países del mundo o en cantidades muy superiores a las permitidas.

São Paulo es la mayor ciudad de América Latina, una especie de jungla de cemento en el que se amontonan casi 20 millones de seres humanos que, además de ocupar espacio físico, comen, duermen, sienten y padecen. Un topicazo.

Menos conocido es este dato: el 31% de los alimentos que circulan por los estómagos de los mordorenses contienen pesticidas prohibidos en la mayoría de los países del mundo o en cantidades muy superiores a las permitidas.

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Brasil es uno de los mayores consumidores de pesticidas del planeta. Según el documental El veneno está en la mesa, desde 2008 es el mayor del mundo. Hoy el país tropical posee más de 400 tipos de pesticidas registrados como insecticidas, fungicidas y herbicidas. La tecnología usada en su producción proviene de la industria bélica.

En este escenario pestilente, una entrañable abuelita de 95 primaveras lleva casi 70 años impulsando la agricultura orgánica para proteger la salud de los brasileños. La ingeniera agrónoma Ana Primavesi nació en Austria y llegó con su marido y sus tres hijos a Brasil en 1949, después de que este fuese afectado por la expropiación forzosa por parte de los rusos.

Desde el comienzo de su exilio brasileño en Santa María, en el estado de Río Grande do Sul, la familia Primavesi se ganó la vida con la agricultura. Muy pronto Ana empezó a publicar manuales prácticos sobre temas ligados a la gestión orgánica y ecológica de los cultivos, como el control de la erosión del suelo. Enseguida sus libros se volvieron muy populares.

En 1955 enfrentó la tarea casi imposible de producir el primer trigo de calidad en un terreno muy ácido y pobre. Gracias a un intenso trabajo y a la aplicación de procesos innovadores y biológicos para mejorar el suelo, logró después de tres años la primera cosecha de trigo.

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La clave de su éxito está en la creación de humus y el cultivo de plantas capaces de preservar y recrear la fertilidad del suelo. Primavesi ha trabajado toda su vida para incrementar la actividad biológica del suelo y restablecer el equilibrio del agua, los nutrientes y la temperatura de la tierra.

«El secreto de la vida es el suelo, porque de él dependen las plantas, el agua, el clima y nuestra vida. Todo está ligado. No existe un ser humano saludable si el suelo no es saludable y las plantas, nutridas», suele decir Ana Primavesi.

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En 1960, la Universidad Santa María del estado Río Grande do Sul invitó a Ana Primavesi y su marido Artur a fundar el mundialmente conocido Instituto del Suelo. En 1968, ambos organizaron el segundo Congreso Latinoamericano de Biología del Suelo y establecieron el primer curso universitario sobre manejo biodinámico-ecológico de suelos en Brasil.

Primavesi ha dedicado toda una vida a enseñar a los agricultores brasileños que es posible aliar la producción de alimentos a la conservación del medio ambiente, sin olvidar las necesidades del pequeño productor. Autora de más de 90 artículos científicos publicados en revistas brasileñas e internacionales, también ha escrito 11 libros.

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Su trabajo más influyente es Manejo Ecológico de Suelos, que revolucionó la agricultura orgánica tropical en Latinoamérica. En este libro, Primavesi defiende que hay que tratar el suelo con materia orgánica rica, eso es, cubrirlo con una amplia variedad de plantas y residuos vegetales que ofrecen protección al viento y ayudan al desarrollo de las raíces.

Tras décadas de trabajo constante y silencioso, esta abuelita ecológica ha recibido el mayor reconocimiento a su labor, una especie de Óscar de la agricultura orgánica mundial. A finales del año pasado, ha sido galardonada con el premio internacional One World Award.

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De esta forma, Primavesi se convierte en la primera brasilera que recibe este galardón, otorgado por el International Federation of Organic Agriculture Movements (IFOAM), que homenajea a aquellos activistas que tuvieron un impacto positivo en la vida de los productores rurales, sobre todo de los más desfavorecidos.

Primavesi ha sido elegida por su gran acción junto a los movimientos agroecológicos en Brasil y América Latina, y por haber sabido crear un paradigma alternativo a la agricultura industrial. «El suelo precisa descanso. Tenemos que intentar hacer una agricultura cada vez más natural», asegura esta vetusta agrónoma, que comenzó a trabajar con la agricultura desde muy pequeña junto a su padre, en un castillo austriaco llamado Pichlhofen.

Ella es pionera a la hora de investigar y divulgar la utilidad de los manejos agroecológicos del suelo. Una especie de Quijote en las tierras hediondas de un país dominado por el agronegocio, una industria millonaria que ha entregado los cultivos a las multinacionales.

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Publicado por Yorokobu (https://www.yorokobu.es/)


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