TIERRAS, TÍTULOS Y DEMÁS YERBAS (Nota 4 de 4 SOBRE MODELOS PRODUCTIVOS)
Esteban Branco Capitanich - Resistencia
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Pero el mayor problema se plantea a partir de la irrupción de la agricultura industrial que aplastó literalmente a aquella agricultura familiar. Los que parecían benditos, pero resultaron mucho más que malditos “paquetes tecnológicos” que se acompañaron de enormes y costosísimas campañas publicitarias, les rompieron la cabeza a miles de productores.

A la mayoría les hicieron creer que 100 o 200 hectáreas no eran una unidad económica viable, con lo que introdujeron el pánico en muchos de ellos que abrumados por el supuesto “avance irrefrenable tecnológico” decidieron, ante la imposibilidad de comprarles a sus vecinos, vender sus campos. Primer éxito de las multinacionales dueñas de los paquetes tecnológicos. Pero fueron por más. No se conformaron que en una par de colonias de 50.000 hectáreas, haya 500 productores de 100 has, tampoco se conformaron con que haya 100 productores de 500 hectáreas. Fueron por no más de 30 a 50 productores por cada 50.000 hectáreas.

¿Por qué? Muy sencillo, porque las multinacionales de la explotación de los hombres lo tienen todo calculado. Más o menos como piensan los patrones de las corporaciones que hoy gobiernan la argentina y lo usan a Macri y sus CEOs para que cumplan con sus órdenes. Si en 50.000 hectáreas había 500 productores de 100 hectáreas cada uno, y ganaban en diez años lo que ganó mi padre, que podría estimarse a plata de hoy en no menos de 5 millones, “los dueños de la pelota” no tenían por qué repartir utilidades con tan|ta gente y resignar tanta utilidad. Era preferible empujar a la concentración hacia 30 o 50 que por ahí ganen en lugar de 5 millones, 10 millones, esto es 300 a 500 millones. Con lo que los dueños de los paquetes en esa colonia se embolsan entre 2.000 y 2.200 millones más que si repartieran entre 500.

Esta es la realidad. Pero no es una fatalidad. Tiene que ver con fallas que tienen su base en los gobiernos que permitieron este despojo y al que le tiran a los productores empobrecidos a las villas miseria para que los mantengan. Tiene que ver con los propios productores que flojos de conciencia se dejaron llevar con el individualismo que les inculcaron para atomizarlos y destruir el asociativismo. Y tiene también que ver con la pérdida de la cultura del trabajo y las prioridades. Nunca puede estar antes el televisor que la heladera, ni la camioneta que el tractor.

Entonces, lejos de modificar la dimensión de las unidades económicas familiares para satisfacer las voracidades de las multinacionales que envenenan con sus paquetes tecnológicos y destruyen el ambiente y los suelos, que avanzan sobre los bosques fuera de las leyes con la complicidad de funcionarios, lo que deben hacer los gobiernos es ocuparse de fortalecer la Agricultura Familiar por ser el segmento productivo que nuclea a la inmensa mayoría, más del 90% de los productores. Los que además de producir alimentos sanos -si les permiten las fumigaciones descontroladas- cuidan los recursos, tanto la tierra, como los bosques y el ambiente.

Hoy el gobierno nacional está desmantelando todos los organismos vinculados y ocupados de atender a los pequeños productores. Ejemplo: Inta con numerosos despidos; Renatea, organismo del que se despidieron más de 500 trabajadores que atendían en todo el país las necesidades de los peones rurales que vuelven a ser invisibles y a los que se les esconden sus derechos; Senasa, con despidos en todo el país con el alto riesgo que los argentinos seamos víctimas de enfermedades evitables dado el consumo de alimentos no controlados; Secretaría de Agricultura Familiar, también con despidos en todas las provincias, cinco aquí en el Chaco. Esto indica que el gobierno nacional tiene la mirada puesta solamente en los grandes productores, poniendo en el centro de sus políticas al capital concentrado.

Las provincias debemos colocar en el centro de nuestras políticas al hombre. Y el Chaco con mayor razón por los antecedentes históricos que mencionamos en artículos anteriores relacionados con el desarrollo logrado gracias a esa legión de Agricultores Familiares que poblaron esta provincia y la colocaron como una de las más avanzadas en producción, en cooperativismo, y en desarrollo industrial, si recordamos las más de veinte cooperativas cada una con su desmotadora, con fábrica de aceite, de algodón hidrófilo, y Ucal con una mega hilandería que llegó a ocupar 3.000 obreros con los que compartía el 17,5% por sus utilidades.

Hoy el gobierno provincial debiera hacer una fuerte apuesta al desarrollo de tecnologías apropiadas para la Agricultura Familiar, a fin de liberarlos del yugo de los altos costos de la tecnología industrial comercial. Para ello, estos desarrollos y su reproducción para que lleguen a todos y a costos sin el componente de lla utilidad comercial, deben canalizarse también bajo el paraguas del asociativismo y el uso de los recursos disponibles en el territorio.

Éste es el modelo productivo que necesitamos, y para él no tenemos necesidad de ampliar las unidades económicas familiares, ya que deben desaparecer del medio los chupasangres nacionales y multinacionales que se quedan con la mayor parte de las utilidades del productor. Pero también el productor tiene que protagonizar este cambio. Tiene que volver al asociativismo para lo que tiene como herramienta los Consorcios de Servicios Rurales. Tienen los productores que abandonar el idividualismo y la competencia para volver a asociarse y complementarse.

Tienen que cumplir con la Ley de los Consorcios, mantener su personería y sus cuentas en orden para poder ser receptores de los fondos como marca la Ley. Y también tiienen que exigir al gobierno que cumpla con la Ley y que los recursos fluyan automáticamente a las cuentas sin que ningún funcionario tenga que autorizar o no ese flujo, porque ese no fue el espíritu de la Ley. Todo lo contrario, ella tiene como uno de los principales objetivos evitar la discresionalidad del funcionariato que no pocas veces generó clientelismo.

En síntesis, si el estado defiende este modelo no concentrado de tierras y producción, y genera la infraestructura y logística para que las producción se transforme en la provincia bajo el sistema asociativo con los propios porductores, y ademas provee las condiciones para que la producción agroalimentaria llegue del productor al consumidor sin intermediarios, no solo se generaría una explosión productiva horizontal, sino que además enormes beneficios para la salud y el bolsillo de los consumidores.


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