TIERRAS, TÍTULOS Y DEMÁS YERBAS.(Nota 2 de 4) SOBRE TÍTULOS
Esteban Branco Capitanich - Resistencia
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Mucho hay para debatir si el título de propiedad es la mejor manera de distribuir la tierra fiscal. Y también si es lo que le da al pequeño productor, que debe ser el objetivo del organismo en la adjudicación de tierras, la mejor garantía de no perderla y terminar poblando las villas de pueblos y ciudades.

De lo que no debemos tener dudas es que el estado no puede agotar con la venta las tierras fiscales. Estará siempre obligado a proveerlas a nuevos productores sin capacidad para ir a las inmobiliarias. Y para ello debe pensarse en mecanismos que permitan que cuando un productor y su familia ya no la explotarán más, esta vuelva al estado, con el correspondiente retorno al productor de su inversión en infraestructura, y ser asignada a otro. Más adelante expondremos una idea que pusimos a debate tiempo atrás.

Somos conscientes que vivimos en un mundo en el que el derecho de propiedad está disputándole a Dios el peldaño más alto en la consideración social. Y en realidad esto tiene que ver no con la organización de la comunidad para una mejor convivencia, sino en los intereses mezquinos que se fueron difundiendo e inculcando en millones para beneficio de muchos menos. Vaya como ejemplo que en el Chaco, al año 2013, 158 propietarios poseían más del 30% de las tierras productivas, a un promedio de 8.500 hectáreas. Habría que actualizar, honestamente, estos valores porque las posibilidades que se haya incrementado son muchas en atención a que se trata de quienes tienen la mayor capacidad de comprar los campos de los productores que entran en crisis o deciden abandonar la producción rural.

Ahora, si partimos de la base que la tierra fiscal se entregó históricamente en unidades económicas familiares, porque de eso se trataba la “colonización” aunque el término resulte fuerte y perimido, y que en gran parte del territorio esas unidades eran de 100 hectáreas y en el impenetrable según la zona, 250, 500, 1250, y 2500 hectáreas, no caben dudas que esos 158 terratenientes, compraron propiedades a quienes accedieron a ellas cumpliendo con la ley 2913.

Leí también que el actual presidente del Instituto, Walter Ferreyra expresaba en primer lugar las bondades de la ley 2913, expresión que comparto en términos generales tal como él lo expresara. Pero marcaba Walter el problema de las unidades económicas que no se actualizaron de acuerdo a los tiempos y los nuevos modelos productivos. Menciona que años atrás un productor de 100 con 25 o 30 arables (no quiero decir limpias porque alguna vez un amigo, Ingeniero Forestal el, me preguntó si yo consideraba que el monte era algo sucio) podía subsistir. Es así, pero entiendo que la solución no está adaptar las extensiones de las unidades económicas a las apetencias de un mercado distorsionado, sino analizar que pasó, por qué este cambio que empuja a la concentración de la tierra, y como se lo puede revertir.

Me voy a tomar la licencia de poner un ejemplo personal. Yo nací en un campo de 100 hectáreas, con 30 arables. Mi padre, fuera de la huerta y los frutales que rodeaban la casa, solo hacía un cultivo por año, de algodón. Y en el término de 10 años amplió la casita de 40 a 80 metros cuadrados, levantó un galpón de 5 por 10 metros, compró un tractor Ford de 2 surcos usado con 12 años de uso, compró una camioneta Ford modelo 36 en el año 52, y en el 61 compro una casa en Sáenz Peña. Además mandó a mi hermana al colegio Misericordia de Sáenz Peña donde se pagaba obviamente porque era estudio, cama y comida. Tres años más tarde me mandó a mí al Colegio Don Orione en las mismas condiciones.(algunos pensarán que ahí tiró la palta, pero lo hizo con la mejor intención) Todo eso hizo en 10 años solo sembrando algodón entre los años 1951 y 1961. ¿Cómo pudo hacerlo? Y, ¿Por qué hoy, como dice Walter y con razón, un productor en esas condiciones no puede subsistir?

Creo que no hay una sola razón. Se trata de un puñado de cambios que se produjeron y que claramente no han sido positivos, porque si antes una familia podía realizarse en el modo que vimos, y hoy necesita entre 5, 10 o más veces tierra, es que algo no funciona racionalmente. Estuvieron en esos 10 años de mi padre las Cooperativas en su primer apogeo, luego tuvieron una caída y un nuevo repunte entre el año 1970 y 1976. Para terminar en un tobogán hasta hoy, lamentablemente. Pero en aquel tiempo fueron de enorme apoyo. Permitieron que lo que embolsaban, Dreyfus, Bunge y Born, La Belgo, etc. Y que era más del 50% de la utilidad, quedara en los bolsillos de los productores. Eso se terminó. Y volvieron las mismas corporaciones y otras como Monsanto, Cargill y algunas más. También se produjo un cambio cultural entre el campesinado. Una cuestión no sencilla de definir ni describir, pero el manejo de la economía doméstica cambió; llegaron los Bancos con créditos; llegaron los vehículos más modernos y se estimuló el consumismo. Ya el pan no se hacía en el horno de barro, se lo buscaba en el pueblo; al igual que los pollos, fueron desapareciendo del patio los 100 pollos y gallinas, como por supuesto los huevos. También los chivos, cerdos y ovejas, todos para consumo. Al igual que las vacas, 15 o 20, entre ellas algunas lecheras que se ordeñaban todos los días para tomar la leche, hacer yogures y quesos. La huerta y los frutales que se compartían en casos con los trabajadores se fueron transformando en yuyales. De los 10 cajones de abejas que a 15 kilos de miel por cajón daban para consumo y para hacer refrescos y alguna bebida estimulante luego de fermentada. Todo se empezó a comprar en el pueblo, como que era ser más moderno. Hasta les cambió el carácter a los productores, porque antes de los Bancos y sus generosos créditos, con sus más que generosos, para ellos, intereses, actuaron con un imán, pero ante el primer fracaso de una o dos cosechas, lo que desconoce el capital bancario y su interés, es la piedad. Ahora dormían menos, pensando en el Banco y demás deudas. Antes un par de fracasos, estando garantizada la comida con la producción para el autoconsumo y un poco para compartir con trabajadores y vecinos, se remontaban con la mano de uno que otro vecino que no había sufrido esa pérdida.

Antes de estos cambios, negativos, los productores se afincaban y se aferraban a la tierra. Es cierto que muchos vinieron del otro lado del mundo literalmente muertos de hambre, como el caso de mi padre, y que al encontrar aquí paz, tierra para cultivar y comida en el monte, jamás pensaron en vender. Y el sacrificio que hacían era siempre mejor que el hambre y la violencia que vivían en sus tierras de origen. Quizás no todos, pero si muchos llegaron en esas condiciones. Y vuelvo a tomarme una licencia para contar una expresión de mi padre, siendo yo adolecente, cuando un primo mío unos seis años mayor le reclamaba, ya picado por el bichito de la acumulación, ¿Por qué ustedes, si cuando vinieron aquí no había nadie, tomaron nada más que 100 hectáreas?¿Por qué no se hicieron de mil? La respuesta de mi padre me impactó al decirle, “mi hijo, allá en Montenegro éramos una familia grande y teníamos unas dos hectáreas en un vallecito, cuando llegamos aquí, muertos de hambre, sin saber el idioma, y nos encontramos con este país que nos dio ¡cien hectáreas! a cada uno, nos dio vergüenza, porque si bien las pampitas no superaban las 20 o 30 hectáreas, crecía lo que plantábamos, además en el monte había frutas comestibles, y del hambre de allá aquí llegamos a disparar de la comida. ¿Cómo disparar de la comida? Sí. Estábamos arando con bueyes y de golpe salía del monte una piara de 100 o 150 chanchos gargantillos que metían miedo con el castañear de sus dientes y se nos venían encima. Había que correr y subirse a un árbol para desde allí matar uno y tener carne, pero especialmente para no ser comidos por los chanchos. Ésta es una tierra bendita y un país generoso, porque además de la tierra nos dieron un par de bueyes, un arado mancera y algunas herramientas más, y semillas de algodón y también frutales y para iniciar la huerta. Con eso nos alcanzó, y nos va a faltar vida para agradecer.”

En la próxima entrega (3 de 4) PROPUESTA A DEBATE PARA MODIFICAR LA LEY 2913


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