"EL PEHUENCHE" CHACRA AGROECOLÓGICA PARA UNA VIDA SANA.
Diario El Campasino - Resistencia
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"En las Universidades Agronómicas están haciendo un trabajo consciente de destrucción masiva del medio ambiente" Visitamos la chacra "El Pehuenche" donde una familia encontró una salida agroecológica para producir alimentos sanos, libre de pesticidad. Críticos del modelo productivo actual, ellos demuestran que existe otra forma de trabajar la tierra. "En las universidades agronómicas están haciendo un trabajo consciente de destrucción masiva del medio ambiente".

La Chacra “El Pehuenche” está en Pedro Luro (Villarino, Buenos Aires), es un escudo familiar donde la agroecología es la herramienta para enfrentar un sistema productivo que se basa en un paquete tecnológico que está haciendo daño al mundo. Enfrentados con eso, Joaquín Parra Gonzalez y Vanesa Andrada, junto a sus tres hijos son una familia que ha decidido ponerse un objetivo: regenerar el suelo y darle una nueva oportunidad a la naturaleza.

Joaquín es un líder rural. Habla sentado en su patio, detrás de él hay toda clase de árboles y plantas, entre ellas se cruzan animales, sus hijos corren por todas partes, perros y gatos conviven. El viento, que es el enemigo del sur bonaerense, no entra en esta isla orgánica. Le falta la tesina para recibirse de ingeniero agrónomo, pero sabe mucho más que sus profesores. Su experiencia en el campo es real y demuestra que otro sistema productivo es posible y rentable.

En esencia somos apicultores, respetamos a los insectos. También estamos trabajando con gallinas ponedoras en un sistema que respeta los derechos del animal, las gallinas están siempre afuera, con el pasto limpio. Tienen acceso al sol, a la noche le apagamos la luz. Se alimentan con semillas que no son transgénicas, que nosotros mismos sembramos. Trato de contagiar a los vecinos porque no sirve de nada ser una isla. Tenemos ganadería que se alimenta con pastura natural, trabajamos la construcción con barro”, resume Joaquín, quien habla con la vehemencia propia de quien se autogestiona y trabaja de lo que le gusta. El modelo productivo y sus consecuencias en el medio ambiente son su tema predilecto. Acá han hallado la manera de producir y alimentarse respetando los ritmos naturales sin perjudicar el medio ambiente, no es poco.

“El sistema es claro, simple. En la Universidad se enseña de una sola manera: defendiendo el modelo de semillas transgénicas con el paquete de agroquímicos. Cuando vos les planteas que existe una alternativa, te dicen que la agroecología es para las huertas en el patio trasero de las casas. Nos quieren vender que los agrotóxicos son inocuos y tenemos evidencia de sobra que hacen daño. Acá en Villarino existen cada vez más casos de cáncer. Cuando cae la noche a veces tengo que mandar a los chicos adentro de la casa porque viene de los campos olor a remedio” El Distrito basa su producción en el monocultivo de la cebolla que necesita un importante paquete de químicos y herbicidas.

“Las fumigaciones se hacen cuando cae el sol. Tenemos un problema, porque ¿dónde comienza el derecho de uno y termina el del otro?. Vos en tu campo podés hacer lo que quieras, pero no afectando mi salud. El agua que tomamos, que es agua de pozo, seguramente esté afectada. Ahora en la región están analizando la posibilidad de duplicar la dosis de nitrógeno en los cultivos de maíz, quieren echarle 600 kilos por hectáreas. Es una locura, todo eso va a las napas. Los productores piensan que la única forma de producir es esa, y no ven otra realidad.”, el panorama es complicado en la región, pero es un espejo de lo que está pasando en el país.

El monólogo de Joaquín es una declaración de principios ecológicos, un manifiesto en defensa de la naturaleza y del trabajo familiar en el campo. Conoce cómo las empresas se han metido en los planes de estudio en las universidades, puede hablar porque además de haber asistido a ellas, tiene un campo que se rige por los principios agroecológicos. “Te dicen que el modelo productivo sirve para darle de comer al mundo, pero cada vez producimos más, y el hambre se multiplica, entonces no producimos para terminar el hambre. La mitad del máiz es para el biodiesel. Y todo es mentira y antinatural –enfatiza-: encerrar animales en un feetlot es tremendo, nadie nos informa qué consecuencias tiene eso para las napas de agua. Mientras tanto, los ingenieros agrónomos cambian de camioneta todos los años, y el modelo te hace creer que eso es el éxito. En las universidades agronómicas están haciendo un trabajo consciente de destrucción masiva del medio ambiente.”

La chacra “El Pehuenche” está en Pedro Luro, un pueblo que está a orillas del Río Colorado, en la entrada de la Patagonia bonaerense. Además de la apicultura, hay animales de granja, cultivo de aromáticas, caballos y las tranqueras están siempre abiertas, quien se acerca hasta aquí puede conseguir miel, veduras y pollos, todo de producción orgánica. “Todo lo que hacemos está a la vista, si por ahí podemos influir a alguien, el objetivo está cumplido” El emprendimiento familiar ofrece día de campo y jornadas educativas. Forma parte del grupo de turismo rural “Aguas Turísticas” que coordina María Isabel Haag de Cambio Rural (INTA).

Los planes de la Chacra son ambiciosos pero no imposibles, y los están cumpliendo, mansa y constantemente. “Queremos regenerar el suelo. Dejamos semillar diferentes pasturas para que atraigan insectos que luego van a comer a los pulgones. Eso es maravilloso, cómo la naturaleza te da las herramientas para atacar lo que el modelo llama plagas. En la naturaleza sólo hay plagas cuando fumigamos, porque para matar a un insecto, terminamos matando otros más y el sistema natural se desequilibra. Nosotros, por ejemplo, estamos plantando caldenes, que es un árbol nativo que han destruido, y tenemos que darles otra oportunidad”, mientras Joaquín camina entre un sondero rodeado de pastizales, un espeso bosque nos recibe hasta dejarnos en un claro. Una casa de barro que está construyendo es también otros de sus proyectos. La autogestión domina la vida de esta familia.

“Las personas que viven en las ciudades, no son dueñas de sus vidas, les dicen qué comer, a qué hora. La ciudad no te deja dormir la siesta. Esos son pequeños placeres que no podes resignar. Acá tenemos nuestra comida, nuestra calefacción. Tenemos mucha tranquilidad en el campo. Todo esto que estamos generando acá tiene que servir de ejemplo a alguien, que pueda verse que otra forma de producir es posible. La felicidad que sienten los niños acá es real, ellos vuelven a entender cómo funcionan las cosas. Tener un niño encerrado en un departamento, no es natural, no hemos nacido para eso” Uno podría quedarse varios días oyendo las enseñanzas que la tierra le ha dado a este hombre que desoyendo lo que el sistema le propuso, decidió caminar por una huella real, donde el éxito es poder ver crecer las plantas rodeadas de otras plantas e insectos, ayudando a desarrollar el círculo productivo natural.

Publicado en ELFEDERAL.COM.AR


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