POR LA TIERRA, Y TAMBIÉN POR EL CIELO
Diario El Campesino - Resistencia
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La estigmatización al pueblo Mapuche, promovida por el gobierno de las corporaciones responde a las necesidades de liberar territorio en la patagonia argentina para satisfacer demandas imperiales por tierras y otros recursos naturales, como agua potable, minerales y petróleo. A tal punto llega la malicia y la falta de vergüenza que se desinforma a la población con afirmaciones aviesas sobre este pueblo originario diciendo que "no son Argentinos". Lo afirman desde sus orígenes extranjeros el 100% de quienes sostienen ésto. También lo hacen desde su ferviente catolicismo la mayoría, ignorando que el Beato Ceferino Namuncurá, mapuche de origen, ha nacido en Río Negro a la vera del Río Negro en 1886.

Pero el motivo central de esta nota es otra avanzada corporativa. La que tiene que ver con la enajenación de nuestras empresas que también se vinculan a la soberanía e independencia. En este caso veremos como se ataca a nuestra aerolínea de bandera Aerolíneas Argentinas.

Haciendo un poco de historia recordemos que en otro proceso entreguista anterior fue privatizada. Luego, vaciada fue recuperada para el patrimonio nacional entre fines de 2008 y mediados de 2009 en que la argentina asume plenamente la conducción de la empresa.

Este nuevo proceso de la empresa en manos del estado fue marcado por un fuerte fortalecimiento de la empresa con recuperación de rutas, incorporación de tecnología, aeronaves de última generación, y especialmente mantenimiento de vuelos de cabotaje a destinos a los que no vuelan las empresas comerciales privadas.

Hoy, este gobierno que prometió infinidad de veces que no volvería a privatizarse, viaja raudamente en sentido contrario.

¿Que se hace para privatizar una empresa pública eficiente?

Lo primero, quitarle eficiencia y competitividad. Desfinanciarla. Precarizar a sus trabajadores. Hacer que la competencia privada supere sus prestaciones, entre otras manipulaciones, todas orientadas a promover un impacto en la sociedad para que sea esta la que acepte mansamente y hasta para que pida su privatización. Ya ocurrió, y este gobierno lo repite.

Poco tiempo atrás el presidente de la empresa Mario Dell'Acqua anunció, dos suspensiones de vuelos. Uno a Caracas, Venezuela, por supuestamente una cuestión de seguridad, cuando en realidad no se trata de otra cosa que una cuestión política contra el gobierno de Maduro. La otra suspensión, con el argumento infantil del conflicto independista de Cataluña, el cese de vuelos de Aerolíneas a Barcelona. Ni el menos avisado ignora la importancia de Barcelona como ruta aérea. Pero antes, hace casi un año, se autorizó, no sin escándalo, la participación de nuevas empresas denominadas low cost o de bajo costo, en Argentina. No sin escándalo porque alguna de ellas están vinculadas al presidente y otras a sus ministros.

Ahora, al abandonar Aerolíneas el destino Barcelona, claramente entran en el juego las low cost, con lo que la aerolínea de bandera pierde prestigio entre los usuarios y entrega a privados recursos que son del estado.

Otro dato importante es que no es Dell'Acqua el ideologo de esta maquinación. Sí lo es el vicejefe de Gabinete Gustavo Lopetegui con la anuencia del presidente que vendió su empresa aérea Mac Air a Avianca en diez millones de dólares. Y es Avianca una de las low cost que operan en el mercado. En cuanto a Lopetegui queda claro que opera para si, ya que fue CEO de LAN Argentina hasta que asumió como parte del equipo de gobierno de Macri.

Los trabajadores denuncian la maniobra del gobierno dada la alta tasa de ocupación de los vuelos a Barcelona que superan el 94%, y la alta rentabilidad de los mismos, mérito también de los trabajadores que se esmeran en brindar un mejor servicio para ser preferencia de los pasajeros.

Lamentablemente la argentina está en un nuevo proceso de entrega de sus recursos, de toda naturaleza.

Parece increíble que después de las experiencias de la dictadura y de los 90 volvamos a vivir la misma película.

Y ocurre porque en esta ocasión la complicidad de los medios de comunicación para engañar a la opinión pública sobre los verdaderos objetivos de las corporaciones, ha sido tan fenomenal como vil y macabro. Por dinero, empresas periodísticas y periodistas han decidido entregar su dignidad y se han puesto al servicio de la mentira, en engaño y la estafa al pueblo para desmantelar la nación de sus recursos, destruir la república institucionalmente y empobrecer al pueblo para que se convierta en mano de obra barata para las patronales corporativas que gobiernan.


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