PRODUCIR PARA AUTOCONSUMO, UN VALOR PERDIDO.
Diario El Campesino - Resistencia
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Medio siglo atrás en las zonas rurales las familias satisfacían un altísimo porcentaje de sus necesidades alimentarias con la producción para autoconsumo. Quizás lo que significó un avance en las comunicaciones, como los mejores caminos y el mayor acceso a medios de transporte, atentó contra esa práctica de producir en el predio frutas, verduras, hortalizas, aves de corral, caprinos, ovino y bovinos. La mayoría de las familias tenían incorporada la práctica como un rasgo cultural que trajeron desde otras latitudes donde la tierra es más escasa.

Solamente en alimentos que se consumen en la mesa, una familia campesina tipo integrada por dos adultos y dos menores requiere invertir $ 8.500 por mes. Comparativamente, estamos hablando de un monto equivalente al salario de un peon rural.

Ahora bien, de ese monto, ¿cuanto podría ahorrarse produciendo para el autoconsumo?

Sin caer en exageraciones ni pretensión que todas las familias puedan producir todo, incluyendo aceites, harinas, y productos más elaborados, un 70% de los productos consumidos puede producir sin ninguna dificultad cualquier familia rural. Esto significa un ahorro de $ 6.000.-

UNA EXPERIENCIA QUE SIRVE DE TESTIMONIO

Marta nació en el campo. A su mamá la atendió una partera. Corría el año 1943. El campo y la casa era de un tío de modo que vivían en la misma casa dos familias. La actividad principal era el cultivo del algodón, pero la casa estaba rodeada de frutales: naranjas amargas para dulces y mermeladas; naranjas dulces; pomelos; mandarinas criollas; granadas; duraznos; higos;no menos de diez plantas de cada especie; un parral de uvas de cuatro por quince metros, más parras cubriendo aproximadamente ochenta metros de alambre tejido que protegía la huerta. En la huerta todo tipo de verduras y hortalizas, mas veinte cajones de abejas. Un plantel permanente de no menos de cien gallinas, algunos pavos y guineas. Treinta caprinos y unas veinticinco ovejas se sumaban a una tropa de treinta vacas, terneros y un par de toros.

Las frutas se consumían frescas o como dulces o mermeladas. Igual que la uva con la que además se hacían dos tipos de bebidas, una dulce que podían consumir los niños y también vino tipo patero. La miel ademas de consumirse pura o como endulzante, también era insumo para un refresco para los niños.

El objeto principal de las vacas era la producción de leche. Con el remanente se hacían yogures y quesos. Además se entregaba periódicamente alguna res a la carnicería de la colonia con lo que se aseguraba la provisión de carne de vaca.

Caprinos, ovejas y cerdos, además de consumirse frescos se salaban y ahumaban para conservarlos luego en fiambreras en el lugar mas fresco de la casa.

En el horno de ladrillos que se usaba para asar también se cocinaba el pan un par de veces por semana aprovechandose el calor del horno para tortas y facturas.

En este caso, excepcional quizás, hasta la ropa de uso diario especialmente para los niños y la ropa de trabajo para los mayores se confeccionaba aprovechando las telas de muy buena calidad que por ejemplo traían las bolsas que contenían la harina de trigo, que sí se compraba junto al azucar, arroz, conservas, sal y otros productos.

Como se podrá deducir, la mayor parte de la alimentación familiar era porducción para autoconsumo. Abundante y sana a un costo bajo ya que una pequeña parcela de maíz, cafir y alfalfa eran suficientes para suplementar la cria de los animales.

Es evidente que en esos tiempos y con estás prácticas quizás producto de herencias culturales de familias cuyos orígenes se remontaban a zonas de tierras escasas y mucha pobreza la calidad de vida de las familias campesinas en cuanto a alimentación se refiere no constituían un problema. No se podía hablar de hambre y pobreza porque no hubiera dinero.

La Agricultura Familiar está llamada a rescatar estos modelos que hoy mucho más que en aquellos tiempos puede además constituir una fuente de ingresos extras especialmente para familias que habiten en las cercanías de pueblos y ciudades, dado que se viven tiempos en los que una preocupación seria es comer sano en atención a la proliferación del uso de agroquímicos que contaminan de manera escandalosa gran parte de lo que se produce comercialmente.


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