"SOY YO"...UNA NIÑA DE 11 AÑOS SE CONVIERTE EN SÍMBOLO DE ORGULLO PARA LAS LATINAS
Diario El Campesino 
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Hace unos meses lo que más orgullo le daba a Saraí González era ser una hermana mayor graciosa. Exageraba durante las fiestas de baile en la sala de su familia en Green Book, Nueva Jersey. Usaba tenis altos rosados y con pedrería y horneaba cupcakes deliciosos.

Ahora, Saraí, de 11 años, está disfrutando de sus 15 minutos de fama. Hace poco asistió al evento del Orgullo Hispano en la Casa Blanca, donde abrazó al presidente y todos quisieron tomarse selfis con ella, muy elegante con un vestido de satín azul.

“Todo pasó tan rápido”, dijo Saraí.

En tiempo récord dejó de ser una desconocida y se convirtió en un icono latino, todo gracias a un video musical que se volvió viral: Saraí es la chica nerd, rellenita, con gafas y segura de sí misma, que se enfrenta a quienes la atacan en las calles de Brooklyn en el video de “Soy yo”, de Bomba Estéreo.

El video, que la banda lanzó el mes pasado, obtuvo un millón de visitas en los primeros días (ahora tiene más de seis millones). Lo han transmitido en todas partes, generó una etiqueta (#SoyYo), arte escolar infantil y muchos gifs animados, que a su vez se convirtieron en memes.

Al parecer, “Soy yo” surgió en el momento preciso: una respuesta desafiante y adorable a la retórica antilatina de la campaña de Donald Trump y de los odiadores en general. “No te preocupes si no te aprueban”, dice el coro de la canción. “Cuando te critiquen, tú solo di: ‘Soy yo’”.

El video hizo eco, sobre todo entre las latinas. En contadas ocasiones de la vida estadounidense, en especial en una época de debates desagradables en torno a los inmigrantes, había surgido en la cultura popular una heroína joven, morena, de la clase trabajadora, que no es la víctima… llena de franca dignidad.

Saraí hizo que las latinas fueran visibles. Las latinas de verdad. Y respondieron todas juntas: “Sí, esa soy yo”.

“Es un recordatorio de que los latinos son parte de la vida estadounidense; el espacio estadounidense es espacio latino”, dijo María Elena Cepeda, quien estudia representaciones de latinos en la cultura popular y da clases en la Williams College. “Ahora mismo, esa es una declaración bastante transgresora”.

Para Saraí, el video se convirtió en una grabación casera en reproducción eterna. “Mi mamá se la pasaba viéndolo”, dijo Saraí. “Mi papá lo puso mientras lavaba la ropa”.

Todo sucedió gracias a una mezcla de casualidad y autenticidad.

El padre de Saraí, Juan Carlos González, es de Costa Rica. Su madre, Diana González, es de Perú. Llegaron a Estados Unidos cuando tenían más o menos la edad de Saraí. Son católicos devotos y se conocieron en la iglesia. Ella es analista computacional en un hospital de Newark y él renunció a su trabajo como ingeniero de construcción para encargarse del hogar. Saraí es la mayor de sus tres hijas, y de niña “cantaba en todas partes”, dijo la madre de Saraí. “El micrófono era su mejor amigo”. Siempre estuvo segura de sí misma. En su habitación, casi toda rosa, un letrero pintado a mano dice: “¡Soy genial!”.

Sus padres reconocieron su carisma y, el año pasado, la inscribieron en un programa que dirige Actors, Models and Talent for Christ, o AMTC, un ministerio de talento y modelos cristianos. Viajó a Orlando, Florida, y un agente en Nueva York la eligió. Sin embargo, fue su padre quien vio el anuncio del llamado para el video en una base de datos de actores.

El director, Torben Kjelstrup, también participó en el proyecto por casualidad. Kjelstrup, quien vive en Copenhague, ganó un concurso para hacer el video de “Soy yo”, que se desprende del álbum nominado al Grammy Amanecer (2015), de Bomba Estéreo.

Su intención no era hacer una declaración política. El mensaje de la canción acerca de “ser tú mismo” lo inspiró, dijo; también lo hizo una foto de su novia en la preparatoria. “Tenía frenos, cabello rojo y una sudadera horrible”, dijo. “Simplemente había algo en ella”.

Se imaginó “una historia sobre ella mientras caminaba por la calle, emitiendo esa seguridad que contagia a cualquiera que vea el video”.

Quería “parafrasear un video de hip hop”, así que se trasladó a Brooklyn. Hizo audiciones a lo largo del verano en las que participaron más de cien jóvenes. “Cuando vi a Saraí”, dijo, “mientras ella esperaba, la mirada en su rostro no tenía precio”.

Fue su primer papel, si no se cuenta la vez que interpretó a uno de Los tres cochinitos en una producción escolar.

Kjelstrup no tuvo problemas construyendo su personaje: un overol corto, Crocs, anteojos enormes y trencitas. Esa apariencia, combinada con la actitud de Saraí, fue un éxito.

De inmediato, miles compartieron el video en las redes sociales: muchos publicaron fotos de su infancia. Una mujer que lo vio en Montana, Alma Castillo, tuiteó: “#SoyYo ¡capturaste mi infancia! Gracias por hacerme sentir orgullosa #Latina”.

Melissa Zepeda, una estudiante y barista de Austin, Texas, escribió en Instagram: “Desearía que este video y esta canción hubieran salido cuando tenía esa edad, cuando quizá lo necesitaba más. Cuando era demasiado ñoña, demasiado estadounidense, demasiado gorda, demasiado mexicana”.

Jillian Báez, autora del libro próximo a publicarse Consuming Latinas: Latina Audiences and Citizenship, sobre cómo las latinas perciben los medios dirigidos a ellas, dijo que la respuesta mostró el poder terapéutico del video. “Creo que puede ser curativo para la audiencia de latinas que quizá no se vieron a sí mismas cuando eran pequeñas”

Ha habido muy pocas latinas no convencionales en la cultura popular. Ugly Betty, adaptada a partir de la telenovela colombiana Yo soy Betty, la fea, prácticamente es la única ñoña; si se busca en Google “chicas latinas ñoñas” o “chicas hispanas ñoñas” los resultados suelen ser pornografía.

Si las latinas llegan a ser representadas, dijo Isabel Molina-Guzmán, autora de Dangerous Curves: Latina Bodies in the Media, la expectativa es que sean sexuales, que sean parte del espectáculo”.

El personaje de Saraí tiene poder, sin nada de ese bagaje. Aleja a dos niñas blancas burlonas después de tocar una melodía con una flauta dulce. Se enfrenta a unos chicos mayores, haciendo unos pasos que aprendió viendo videos de Will Smith en El príncipe del rap.

Si el video resonó sobre todo entre las latinas quizá se debió a esta mezcla fluida de culturas, que surgió de manera natural en una pequeña que creció en medio de ellas.

“Solíamos poner música a todo volumen en nuestra sala, y mi mamá y mi papá bailaban conmigo”, dijo Saraí. “Fue muy gracioso”.

Últimamente, la familia tiene un nuevo ritual. De noche, Saraí se sube a la cama con sus papás para ver las fotos más recientes que los fans han publicado.

“Siempre lloro”, dijo su madre. A la edad de Saraí, Diana González y su hermana, que hacía poco habían llegado a Estados Unidos desde Perú, tenían que trabajar en los campos de tabaco en Georgia con sus padres.

“Jamás me vi en la televisión”, dijo. “Por fin me veo en la pantalla grande. No tengo que ser talla 2 o tener piel perfecta o cierto color de cabello”, agregó. “Puedo ser yo misma”.

“Esta pequeña está en cada mujer latina”, dijo su esposo.

Cuando sus padres se ponen así, Saraí les dice qué escribir. “¡Caray! Te ves hermosa”, le escribió a la barista de Texas, que jamás ha sentido que pertenece. “Saraí te envía un abrazo”.

Después envió unos cuantos corazones. Corazones rosas.

Por ANNIE CORREAL


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