JUVENTUD RURAL Y EMPLEO DECENTE EN AMERICA LATINA
Diario El Campesino 
1 imagen [Click para ampliar]
La FAO (ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LA ALIMENTACIÓN Y LA AGRICULTURA) ha realizado este año 2016 un trabajo profundo respaldado con estadísticas y censos en distintos países de América Latina con el objeto de analizar la realidad de los jóvenes en la ruralidad. Reproducimos aquí las conclusiones y al final de la nota incluímos el link para acceder al trabajo completo que proporcional la FAO.

“Los augurios para acciones acertadas no son buenos cuando los análisis rurales son ciegos ante las realidades de sus jóvenes, y los análisis o discursos sobre y desde la juventud rural son ciegos ante la diversidad de grupos que la conforman.” Martine Dirven (2013a, p. 14)

.

Las últimas décadas han conocido grandes cambios en las políticas hacia el sector agrícola, desde fuertes intervenciones en los mercados hacia un “laissez-faire” en un contexto de mayor globalización. Paralelamente hubo inversiones importantes en infraestructura en las zonas rurales y muchas ahora están más conectadas a la red caminera y a las redes de comunicación.

.

La inserción laboral de la juventud y del resto de la población rural se debe interpretar dentro de estos contextos y los fuertes cambios demográficos. En efecto, se observa una significativa disminución de las cohortes jóvenes por razones de disminución de la natalidad y de continuada emigración neta, y un aumento de las demás cohortes etarias, debido a los efectos de las etapas de transición demográfica pasadas y de la prolongación de la vida. Esta última va acompañada de una notable prolongación de la vida activa laboral. Esta a su vez, retarda el acceso a las tierras familiares por vía de la herencia.

.

Los datos muestran que se está aún muy lejos del “empleo decente” para una abrumadora mayoría de la población rural. Esta lamentable situación perdura a pesar de varias iniciativas a nivel mundial, regional y de país.

.

El análisis conjunto de la inserción laboral de los jóvenes de entre 15 y 29 años de edad y de los mayores de 30 años, de las tasas de crecimiento anual entre 2003 y 2012 y de los indicadores de “Empleo Decente Insatisfecho” permiten concluir que:

- las diferencias de inserción laboral entre los más jóvenes y los mayores son importantes

- las diferencias de inserción laboral entre mujeres y hombres también son importantes y, aunque se observan cambios entre los grupos etarios, las grandes tendencias siguen

- entre 2003 y 2012, los jóvenes muestran una clara disminución de su inserción laboral en la agricultura (a una tasa de -2,3% anual) y un aumento en el ERNA (a una tasa de 3,3% anual), resultando en aproximadamente 9,5 millones de jóvenes rurales que trabajan en el sector agrícola y 8,1 millones en algún empleo no agrícola en 2012; si estas tendencias siguieron, ya en 2016 habrán más jóvenes en ERNA que en el sector agrícola

- proporcionalmente, los jóvenes trabajan más como asalariados, especialmente los que trabajan en ERNA - la tasa de aumento de los empleadores agrícolas –de todas las edades y muy especialmente entre las mujeres- ha sido muy alta entre 2003 y 2012, aunque partiendo de números absolutos bajos

- la disminución del trabajo infantil ha sido fuerte, aún así, las zonas rurales siguen siendo responsables por el 60% del trabajo infantil reportado en la región, debido a su preponderancia en el sector agrícola, incluyendo a la agricultura de exportación

- el trabajo de familiares no remunerados ha sido tradicionalmente muy importante en el sector agrí- cola, tanto para hombres como para mujeres; sin embargo, muestra una fuerte tendencia a la disminución entre las mujeres de todas las edades y también entre los hombres jóvenes, mientras hay un aumento importante entre los hombres de las demás edades, aunque partiendo de niveles bajos

- en el ERNA hay un aumento en el número de familiares no remunerados en todas las edades y ambos sexos, partiendo de números absolutos más bajos que en el sector agrícola 72

- cerca de un cuarto de los que trabajan en el sector agrícola tienen una residencia urbana, con una participación levemente menor entre los jóvenes que entre los mayores de 30 años

- la inactividad por causa de enfermedad o incapacidad es mucho mayor entre los habitantes rurales que entre los urbanos; se explica, entre otros, porque el trabajo en el sector agrícola tiene una alta incidencia de accidentes y varios efectos nocivos sobre la salud debido a las condiciones de trabajo (físico, a la intemperie, con uso de productos tóxicos, uso de herramientas y maquinaria cortantes y pesadas, malas condiciones sanitarias, etc.)

- aunque la productividad del trabajo agrícola ha aumentado fuertemente en las últimas décadas, el sector agrícola es uno de los sectores de menor productividad laboral de la economía y, también, de más bajos ingresos y salarios

- las faenas son especialmente estacionales en la agricultura y, por ende, las necesidades de mano de obra también lo son; las encuestas de hogares no están diseñadas para recoger estas fluctuaciones.

.

Todos estos hechos y tendencias juntos llevan a lo siguiente en cuanto a los indicadores de empleo decente:

- la realidad rural y agrícola (salarios, contratación formal, afiliación a la seguridad social, nivel de accidentes, sindicalización, negociación colectiva, diálogo social) es “indecente” para una región de ingresos medios como América Latina, con algunos indicadores mejores en algunos países;

- los indicadores de “Empleo Decente Insatisfecho” (cuadros 7 y 8 en anexo) muestran que suelen estar encima del 80%, 90% o más, en particular entre los ocupados agrícolas y, aún más, entre aquellos que trabajan como temporeros; la situación está aún peor entre los migrantes, nacionales y extranjeros

- no obstante lo anterior y no obstante el hecho que, para igual tipo de trabajo, los jóvenes están generalmente trabajando en peores condiciones que los de mayor edad (más riesgoso, más precario, menor salario, menor afiliación a la seguridad social, etc.), los jóvenes rurales –en especial las mujeres- por su inserción predominantemente asalariada en ERNA, tienen algunos indicadores (contrato formal, afiliación a la seguridad social, salarios) mejores que el resto de la población rural y la tendencia es positiva, aunque partiendo de niveles muy bajos; en este sentido, la lectura para las áreas rurales es distinta a la situación para los jóvenes urbanos, que ha mostrado una tendencia más bien negativa, hacia una mayor precarización del trabajo e indicadores peores que sus pares mayores.

.

Las acciones recomendadas se sitúan esencialmente en tres planos:

- en la alineación de los discursos (incluyendo los de los voceros de la población rural y de los propios jóvenes rurales) y las políticas con las realidades de la inserción laboral de los jóvenes y sus tendencias;

- en la preparación de los jóvenes para su inserción laboral;

- en el mejoramiento de las oportunidades y del entorno laboral en las áreas rurales;

- en el mejoramiento de las Leyes, normas e institucionalidad (entre otros para la fiscalización in situ);

.

En cuanto al primer punto, cabe insistir una y otra vez a nivel de todos los representantes y tomadores de decisión relacionados con el mundo rural y agrícola que tomen en cuenta las cifras actuales y sus tendencias y no basen sus discursos y decisiones sobre un imaginario obsoleto.

.

En cuanto a la preparación, parece imprescindible mejorarla con miras a una creciente inserción de la juventud rural en empleos no agrícolas, sea como residentes rurales, sea como residentes urbanos. Al mismo tiempo, es necesario reforzar el conocimiento de los escolares sobre la cultura local y sus valores. Existen las técnicas para ello, pero aparentemente ha faltado visión y voluntad para aplicarlas.

.

Por último, el mejoramiento de las oportunidades y del entorno laboral pasan, por supuesto, por una serie de políticas públicas orientadas a la valoración e inversión (en infraestructura, servicios e institucionalidad) en las zonas rurales –las con mejores o menores perspectivas de crecimiento, desarrollo y/o buen vivir- y por una fiscalización de las leyes y normas vigentes. Pero también pasan, en una parte no menor, por cambios a nivel de las propias comunidades y familias. Al nivel de las comunidades y familias es necesario mejorar la escucha, el trato, la participación en las decisiones y las retribuciones al trabajo de sus jóvenes, hombres y mujeres. Sólo así, se logrará retener un mayor número de ellos en la empresa familiar –agrícola o no agrícola- y en sus comunidades y localidades de origen. Si bien, a primera vista, cambiar las actitudes parece situarse en el ámbito privado de acciones, existen varios espacios de concientización e intervención para las instituciones públicas, gremiales, académicas y otras. El mayor o menor acento a dar en uno u otro tipo de políticas u acciones dependerá, por supuesto, del peso de las categorías ocupacionales en el país, región o localidad específica y demás características nacionales y locales

.

Aqui INFORME COMPLETO


HUMOR CAMPESTRE
COMERCIO SOLIDARIO
Máquinas > Ver últimos avisos
Vehículos > Ver últimos avisos
Servicios > Ver últimos avisos
Animales > Ver últimos avisos
Propiedades > Ver últimos avisos
Seguinos
           
Copyright© 2013 Diario digital el Campesino. Todos los derechos reservados.