COMUNIDAD INDÍGENA ATACADA POR PARAMILITARES DE LA EMPRESA "MANAOS"
Diario El Campesino 
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La nota pareciera ser de un siglo y medio atrás. Pero no. Ocurre estos días en una colonia llamada Bajo Hondo, habitada por comunidades indígenas de la etnia guaicurú que son hostigadas, según denuncian, por grupos armados que responden al empresario Orlando Canido, propietario de la marca de gaseosas "Manaos" con el fin de desplazarlos de las tierras que por herencia ancestral ocupan el en lugar.

Este sábado, 24 de setiembre de 2016 en horas de la mañana irrumpieron en tierras de la comunidad tres camionetas con 15 personas que portaban pistolas y rifles.

Según la denuncia pública difundida por el MoCaSe “La banda armada empezó a perseguir a las familias de la comunidad, que se tuvieron que refugiar en el monte con sus hijos e hijas, mientras veían como prendían fuego a las viviendas y a los vehículos de la comunidad. En esta secuencia de tiros, dispararon a los vehículos y el compañero Pedro Campos recibió un balazo en la pierna y se encuentra pendiente de operación para extraerle la bala.

Después de prender fuego a los ranchos, la emprendieron contra los animales vacunos, matando a 6 e hiriendo a más de 14. Pasaron por el pozo, destruyeron el brocal y lo envenenaron nuevamente. E incluso atacaron a los dos policías que debían cuidar a las familias y que se encontraban en la orilla del campo. Después de esto, se retiraron del territorio comunitario

Después de prender fuego a los ranchos, la emprendieron contra los animales vacunos, matando a 6 e hiriendo a más de 14. Pasaron por el pozo, destruyeron el brocal y lo envenenaron nuevamente. E incluso atacaron a los dos policías que debían cuidar a las familias y que se encontraban en la orilla del campo. Después de esto, se retiraron del territorio comunitario

Llevamos meses denunciando el incremento de la violencia, la presencia de bandas armadas, los amedrentamientos en las rutas, las muertes de animales y cortes de alambre y los jueces jamás actuaron. Ahora mismo, estamos pendientes de la detención de los miembros de la banda comandada por Lachy Letonai y a las órdenes de Orlando Canido, porque el nivel de violencia de estas bandas armadas es cada vez más peligroso para la vida de las familias campesinas.

Exigimos la actuación inmediata de la justicia, la detención de Orlando Canido y de toda su banda armada.

Queremos vivir y producir alimentos sanos en nuestras tierras.”, finaliza la crónica que la histórica organización campesina santiagueña.

Esta situación, recurrente en esa zona de Santiago del Estero, es la resultante de la ausencia del estado en la toma de decisiones respecto de encausar la posesión y el uso de las tierras productivas en el marco que corresponde a un recurso natural no apropiable, por ser natural y e imprescindible para la vida de todos.

Semanas atrás, aquí en el Chaco, vivimos la tragedia las familias Leoni y Cusiggh, víctimas ambas, una desde el lado del asesinado y la otra desde el del asesino, en la disputa por un pedazo de tierra. Esto ocurre porque la tierra no tiene asignado el valor de generadora de vida, sino el económico, el material, el que el mercado le coloca como tasa de especulación comercial.

Es el derecho de propiedad individual absurdo sobre un recurso natural, es como ponerle precio de venta en el mercado al aire que respiramos o al agua de la lluvia, los ríos, y la subterránea que bebemos.

Pero es evidente que todavía no hemos evolucionado hacia una etapa superior de racionalidad y aprecio por los bienes naturales. Quizás no han sido aún suficientes la cantidad de vidas que estamos pagando para ascender cada escalón en esa evolución. Quizás, el mercado nos ha colonizado tanto que la propiedad está aún por encima de la vida.

Superaremos seguramente estas vallas mentales cuando entendamos que como dijera Luis Donaldo Colosio Murieta, destacado político mexicano, “La tierra no nos fue heredada por nuestros padres, nos fue prestada por nuestros hijos”. Y le demos el lugar de hogar y materia generadora de vida que tiene para todos, sin que el dinero sea la contraseña para su posesión y uso, sino el afincarse y producir alimentos con sentido alimentario y humano.


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