LA RURAL, UNA GRAN FIESTA PARA POCOS
Diario El Campesino 
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La Sociedad Rural Argentina tiene una larga y controvertida historia en el seno de la sociedad argentina. Conformada por la vieja oligarquía terrateniente con reminiscencias europeizantes se caracterizó por su elitismo excluyente, explotador, y esclavizante. Consideró al chacarero labriego como un ser sin linaje de clase, y al trabajador como un animal más de tiro al que había que alimentar no más que lo suficiente para que pueda trabajar de sol a sol.

A principios del siglo pasado estaba consolidada la argentina latifundista en la que se destacaban familias patricias que en número reducido tenían bajo sus zapatos toda la pampa húmeda y buena parte de la argentina morena.

En plena etapa de inmigración de europeos que huían de las consecuencias de la primera guerra y del hambre, los Anchorena, Pereyra Iraola, Zuberbühler, Alzaga, Martinez de Hoz, Pereda Guirado, Santamarina, entre otros se convirtieron en arrendadores de sus inmensidades ociosas, modo con el que explotaron a miles de inmigrantes que trabajaron años para enriquecer a los dueños de las tierras que desde el puerto de Buenos Aires manejaron los hilos del comercio sin descuidar su participación en los negocios bancarios y financieros.

La inequitativa distribución de las tierras, nunca corregida frente a la barrera que constituye el poder oligárquico, es la base fundacional de la tragedia argentina signada por la marcada brecha entre un puñado de enormes fortunas en permanente ciclo creciente, y millones de compatriotas condenados a vivir al día, y muchos con menos.

De ese puñado de enormes fortunas, una parte está representada por La Rural, pero entiéndase bien, tampoco, y esto para los que somos del país profundo, La Rural es un plano horizontal en todo el país. No son del mismo palo los socios de La Rural de Quitilipi que los de Necochea. No es lo mismo el campesino del Chaco con cien vacas en otras tantas hectáreas que el de Olavarría con cinco mil cabezas en diez mil hectáreas. Muchos socios de La Rural en todo el país, en realidad no cuentan para la elite que conduce y direcciona el tránsito de la organización hacia esa minoría profundamente antidemocrática con más perfiles monárquicos europeizantes que de construcciones colectivas con eje en el conjunto de la sociedad.

Por eso es que cuando se habla de que La Rural es parte de la tragedia argentina, se está refiriendo a la minoría que concentra el poder y a esta altura de su evolución dominante tiene raíces profundas en todos los nichos productivos, industriales, financieros, bancarios y mediáticos concentrados de la argentina. La Rural es uno de los rostros de las corporaciones que defienden sus intereses en contra del colectivo y la democracia.

Han prohijado todo tipo de golpes de estado, desde armados, pasando por económicos hasta mediáticos. Han influido en todos los gobiernos, y cuando éstos no han respondido a sus mandos, los han derrocado del modo que la oportunidad requiriera.

Es por eso que en esta muestra del poder oligárquico se han roto manos aplaudiendo dictadores como Aramburu y Rojas, Onganía y Videla y Galtieri, mientras se repudió a Perón, Ília, y Alfonsín. Por eso, y para sentar posición frente a explotadores y saqueadores es que Néstor y Cristina Kirchner no se permitieron prestarse a la hipocresía.

Por eso es también que ahora el básico e insustancial discurso entreguista de Mauricio Macri, a la escasa medida de sus enormes limitaciones, fuera aplaudido como el de un estadista de nota. Porque el objetivo de la corporación es mantener la foto de la historia cien años atrás. Un país con pocos amos y millones de esclavos.

AGREGAMOS COMO EJEMPLO DE INTOLERANCIA DE UNOS Y CORAJE DEL DOCTOR ALFONSÍN EN SU MEMORABLE DISCURSO EN LA RURAL EN 1988


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