La alondra y el campesino
Diario El Campesino 
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Fábula campestre
Una alondra había tenido sus polluelos muy tarde y estaba escondida con sus crías entre las espigas ya casi maduras, con el temor de que vinieran a segar el trigo antes de que sus hijos estuvieran preparados para alzar el vuelo. Cuando tenía que ausentarse, recomendaba a sus polluelos que tuvieran las orejas bien abiertas y que le contaran todo lo que oyeran. Una tarde, al regresar, encontró a sus hijos presa del terror. - El dueño del campo -conto el más grande- ha dicho a sus hijos que llamen a sus amigos para que vengan mañana a ayudarlos a segar. - ¿Sólo eso? - sonrió la alondra. - No te asustes; verás como no pasa nada. Efectivamente, a la mañana siguiente los amigos no se presentaron. El campesino volvió a invitarlos para el día siguiente y la alondra tampoco se preocupó... hasta el día que oyó al campesino decira sus hijos: - ¡Basta! Mañana haremos nosotros solos la siega. Cuando se trata de trabajar, no se puede contar con los amigos. Entonces la alondra tomó a sus crías y salió volando rápidamente, sin un instante más de dilación.

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