LOS FRUTOS DE LA TIERRA PARA CONSUMIR Y COMPARTIR
Mariel Luna 
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Experiencia solidaria ejemplar a pocos kilómetros del centro A pocos kilómetros del centro de Resistencia hay una comunidad que aprovecha la tierra fértil para sembrar, cosechar, y compartir lo que produce. Bajo los principios de economía solidaria y consumo comunitario, comenzaron hace seis meses un emprendimiento que pronto anhelan ampliar con la cría de pollos y una ladrillería.

“Todo lo hicimos a pulmón. Lo único que anhelamos es que el gobierno nos ayude con una vivienda digna”, expresa Ana, la líder la familia.

Yendo por la colectora de la autovía Nicolás Avellaneda en sentido hacia Corrientes, pasando la estación de servicio, y a unos cien metros del puesto policial, doblando a la derecha hay un camino que te lleva hasta ahí. Basta pasar algunas de viviendas de fin de semana para llegar al caserío, que entre paredes y techos de restos de silo bolsa y chapas de cartón se dibujan a la vera del camino. Detrás, un brazo del Río Negro, y al caminar unos metros más, el campo deja asomar la producción que sacó frutos de la tierra fértil que hasta hace poco era casi virgen.

Ana: “Somos unos agradecidos porque tenemos buenas manos para sembrar y aprovechar la tierra”. Foto: Fabián Maldonado.

En el medio de las casas, al costado de un camión abandonado, hay una ducha improvisada. No tiene paredes, pero de ahí cae agua. El patio es verde, tiene césped y como si fuera una escuela, en el centro hay una especie de mástil que deja flamear de colores blanco y celeste, una pequeña bandera argentina.

Aunque parezca contradictorio, esa bandera refleja el orgullo que sienten, porque si bien viven en los márgenes, en sus caras no hay lugar para tristeza: son agradecidos de lo que con sus manos y sus cuerpos pueden hacer: “Tenemos buenas manos para sembrar y cosechar la tierra fértil, y todo lo hacemos a pulmón”, dice Ana Silvia Botti, la esposa, madre y abuela de esta familia que vive en comunidad, y que desde hace seis meses comenzó el emprendimiento de trabajar la tierra para poder alimentarse y compartir la producción con otras personas que lo necesiten.

Alrededor de la mesa, todos contentos se hacen bromas entre sí, los motivos sobran: están juntos, tienen buena salud y pueden trabajar. “Gracias a Dios sacamos buenos frutos”, dice Ana, en una frase que lo sintetiza todo.

Zapallo, acelga, lechuga, pepino, batata, zanahoria, achicoria y choclos, son algunas de las verduras que ya extrajeron y que donarán esta semana a hogares como Teresa de Calcuta, a la Casa Cuna y a comedores barriales. Los principios de consumo comunitario y economía solidaria guían la labor de esta familia que se “gana el pan con el sudor de la frente”, y que “comparte el pan”, como ellos mismos lo dicen.

Los frutos de la tierra asoman entre flores y plantas autóctonas. Están listos para el consumo, pero desde antes, tenían una misión. “Así como nosotros comemos, queremos que otros también puedan comer”, menciona Ana, aclarando que si bien tienen muchas necesidades, su idea es dar el ejemplo: “No cortamos la ruta y nunca la vamos a cortar, y si algún día me tocara hablar con el gobernador, lo único que le pediría sería una vivienda”, resalta.

Ana mueve las manos, en cada dedo tiene un anillo de plástico de distinto color, y bromea con que ahí no hay nada de oro. Ella es una agradecida y en una simple frase muestra como los problemas son tan grandes como uno lo crea: “Con la acelga que tenemos, le agregamos un poquito de harina y hacemos unas torrejas. Después si queremos hacemos un mate cocido y ya está”, explica.

La familia es numerosa, en total suman más de una veintena de personas entre nenes pequeños de 1, 2, 4 y 8 años, hasta adolescentes. Para los más grandes el esfuerzo se duplica, ya que con todas las condiciones adversas, los adultos de la familia hacen el mayor esfuerzo para que los chicos no dejen de ir a la escuela.

“A nosotros nadie nos vino a ayudar, pero igual estamos muy agradecidos porque tenemos buenas manos”, dice Ana, la mujer de unos 60 años que se pone al frente de la familia y pide con toda esperanza, una vivienda para ella, sus hijos y sus nietos. “A nosotros no nos faltan ganas de trabajar, lo que siempre necesitamos fueron oportunidades”, asegura mientras clasifica la producción que ya está lista para el consumo.

La producción de verduras y hortalizas es apenas el principio, y que tienen pensado continuar con la cría de pollos y gallinas ponedoras, y el próximo mes comenzarán con la puesta en marcha de una ladrillería.

Publicado por Diario Norte (Chaco)
http://www.diarionorte.com/article/132517/los-frutos-de-la-tierra-para-consumir-y-compartir

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