MESA NACIONAL DE DIÁLOGO PARA LA AGRICULTURA SUSTENTABLE
Diario El Campesino 
1 imagen [Click para ampliar]
(Al final del artículo audio homenaje a Monseñor Devoto) Con la participación del Presidente de la Comisión Episcopal de la Pastoral, Monseñor Jorge Lozano, el Gobernador de la Provincia del Chaco Cr. Jorge Milton Capitanich, el subsecretario de Fortalecimiento Institucional, Ramiro Fresneda; y el subsecretario de Ejecución de Programas para la Agricultura Familiar, Osvaldo Gustavo Chiaramonte se presentó en el Chaco la Mesa Nacional de Diálogo para la Agricultura Sustentable. Estuvieron también presentes los ministros de Producción, Marcelo Repetto y de Desarrollo Social, Marta Soneira.

Participaron del encuentro organizaciones de empresarios y productores. Entre ellos la Asociación de la Cadena de la Soja Argentina (ACSoja), la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID), Asociación de Semilleros Argentinos (ASA), Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícula (AACREA)

En representación de las organizaciones campesinas, indígenas y de la Agricultura Familiar, participaron el IDACH, la Asamblea Campesina Indígena del Norte Argentino (ACINA) la Federación de Organizaciones Nucleadas de la Agricultura Familiar (FONAF), la Federación de Organizaciones de la Agricultura Familiar del Chaco, Unpeproch, entre otras.

El gobernador de la provincia del Chaco dio su apoyo a la constitución de una Mesa de Tierras en la Provincia del Chaco para la discusión de la problemática de la tierra.

En este sentido, es válido reconocer que el diálogo es importante, y por ello esta Mesa. Ahora vale también puntualizar que el diálogo debe producir avances en los objetivos hacia los que está orientado. Si no se traducen en hechos los frutos del diálogo es posible que algún o algunos sectores no estén dialogando con los otros, sino simplemente los están conversando como para mantener el statu quo.

Hay que tener esperanzas y expectativas, sin olvidar que no es ésta la primera mesa, ni el primer Foro. Más siempre se ha discutido la problemática mucho tiempo como si fuese una cuestión aislada. Se ha habado mucho, pero con escasos avances, casi nulos.

Y es porque no se puede discutir sobre tierras sin considerar el contexto global de distribución internacional del trabajo, de la renta, la desigualdad establecida, no casual, la dominación de unos países sobre otros, y del poder supra países que gobierna el planeta y que impone modelos económico financieros y productivos. Están los buitres de las finanzas, pero también los de la apropiación de la renta, el esfuerzo y la vida de los productores agrarios, de todos, de los pequeños expulsados y de los grandes que necesitan dos o cinco mil hectáreas para poder pagar la tecnología no solo en semillas, fertilizantes, plaguicidas y herbicidas, sino también en maquinarias, obligados a renovarlas cíclicamente, siempre de orígenes remotos y de los mismos grupos como parte de las estrategias de apropiación de la renta.

En ese marco, la clave es si la tierra es una mercancía y está a disposición del que más dinero pone por ella, o si es un recurso natural no apropiable para que cumpla el alto objetivo de alimentar a la humanidad. No alcanza con la definición de "bien social" porque no tiene ningún efecto práctico y eso está a la vista.

Olvidémonos de soluciones sin esta definición y decidida toma de posición.

Mientras en lo alto de los altares esté el derecho de propiedad, sin límites, por encima de todos los demás derechos, como es hoy, no habrá justicia ni equidad en la distribución de la tierra, y seguirá habiendo hambre para millones mientras se produce para la renta, no para el hombre.

En ese contexto se debe repensar el modelo de desarrollo para la producción agroalimentaria con libertad. Sin dogmas, ataduras ni preconceptos. Y sin miedos.

Y se puede. La realidad no es una fatalidad inmodificable. Con conciencia, coraje, y decisión, puede cambiarse.

En una sociedad donde el consumismo dispone que la producción esté regida por la ganancia y no por las necesidades sociales es imposible la concreción de un proyecto social que satisfaga las necesidades colectivas y elimine las vigentes desigualdades.

En el mundo no sobra gente, ni faltan recursos como se dice. Lo que falta es justicia, responsabilidad político social y equidad, porque sobran egoísmo, prepotencia, explotación e insolidaridad.

Eso lleva a la concentración del privilegio y la globalización de la pobreza.

Necesitamos superar ese doble estado de miseria que transitamos, el material entre los dominados y el espiritual entre los dominantes.

Actualmente el “primer mundo” con el 20% de la población mundial consume el 80% de los recursos, mientras el restante 80% solo dispone del 20% que aun rebalsa del consumismo de aquellos.

En los países ricos las personas consumen 400 veces más que en los países pobres, en los extremos, lo que significa que un ciudadano Suizo consume en un solo día más de lo que otro de Mozambique dispone para todo un año. Y este esquema injusto se replica más o menos en iguales condiciones, fronteras adentro de los países pobres.

Y no se trata solo de alimentos, estamos en realidad hablando en términos energéticos.

Otros datos contundentes en tal sentido, son que el mundo desarrollado (20%) consume el 85% del papel, el 79% del acero y el 80% del parque automotor mundial. En EEUU hay 600 autos cada 1000 habitantes, mientras que en la India esa cifra se reduce a dos.

¿Qué solución propone el mercado liberal a estas cuestiones de opulencia y miseria?

Reducir el consumo de los pobres y su número por eliminación, no por inclusión. (Teorías catastrofistas maltusianas como el informe de Roma son la muestra inocultable de ese proyecto criminal que por supuesto no propone reducir la población de Holanda con más de 400 habitantes por km2, sino la de África con solo 30).

Frente a eso, para que un modelo de desarrollo sea humana, y socialmente aceptable y eficaz, cada ser humano debe percibir que el nivel de satisfacción de sus necesidades, es creciente. Y que el del conjunto lleva el mismo ritmo, sin despilfarro.

Es necesario por ello proponer un modelo social en el que el objetivo central sea el hombre, en reemplazo del actual que coloca en su lugar la renta. La tradición doctrinaria del Movimiento Nacional y Popular, ya recogía esta prioridad en la 4ta. verdad peronista: “No existe para el peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan”.

Ahora bien, si las estadísticas dicen que la producción mundial de alimentos es suficiente para alimentar a toda la humanidad, ¿Cómo es posible que gran parte de la población mundial esté subalimentada?

La respuesta es simple: son decisiones económicas y sociopolíticas las que determinan la producción y distribución de alimentos. Y como sus fines no son sociales sino rentísticos, la inequidad produce esa brecha.

Y cuando algún gobierno, como el nuestro en estos años, pretende sacar los pies del plato de la inequidad, es duramente atacado por el poder imperial y sus delegados locales.

Tierra, ambiente, posesión, uso y propiedad

Para avanzar hacia un modelo social, es necesario repensar conceptos que hoy parecieran inamovibles, como por ejemplo el de la propiedad de la tierra. Y la tecnología energética que inundada también por el gen comercial desecha recursos locales renovables de bajo costo y manejables por la comunidad toda para imponer la exclusividad de la desarrollada con fines de generación de dependencia y explotación económica.

Necesitamos el desarrollo de tecnologías apropiadas para la agricultura familiar con uso de recursos locales manejables por ellos y al servicio de los productores familiares. Necesitamos esta tecnología para la liberación y la independencia, con estrategias de reproducción asociativa con participación del estado y los propios productores organizados para no caer en las garras de la Agricultura Industrial concentradora explotadora y expulsora mediante la aplicación de tecnologías para la dependencia como las comerciales actualmente en uso.

Específicamente en relación a las tierras productivas y los bienes de producción, éstos no debieran se apropiados.

Cuando hablamos de apropiación estamos ampliando el concepto de propiedad para incluir la posesión y el uso. Grandes empresas como Monsanto por ejemplo explotan indirectamente no menos de veinte millones de hectáreas sin detentar la propiedad pero quedándose con la mayor parte de la renta.

Los paquetes tecnológicos imponen cincuenta productores por cada cien mil hectáreas, en las que con un modelo productivo agroalimentario podríamos volver a tener entre quinientos y mil productores como cincuenta años atrás.

Pero los dueños de los paquetes no están dispuestos a repartir utilidades con quinientos o mil, solo lo hacen con cincuenta para apropiarse de la renta.

Reemplazando propiedad por gestión de estos bienes, u otras formas de no apropiación avanzamos en una discusión respecto de la regulación del resto de las actividades sociales.

La gestión tanto de las tierras productivas, los bienes de producción, como la de los servicios públicos, debiera recaer en organizaciones comunitarias de producción y servicios, con participación de municipios, provincias y estado nacional, que permitan la planificación de la producción en base a las necesidades sociales colectivas por encima de las exclusivamente rentísticas comerciales privadas actuales.

La gestión comunitaria con participación estatal u otro esquema de distribución, posesión y uso de las tierras fuera de las garras del mercado inmobiliario permitirá no solo la preservación de los recursos naturales, sino que evitará su agotamiento y potenciará la producción con un horizonte a más largo plazo, al asignarle a cada tipo de suelo el uso correspondiente. Y esencialmente, propenderá al respeto de la vida, preservando la salud y poniendo equidad en el uso de los recursos y al destino de las actividades productivas.

Y claramente garantizará que la agricultura familiar que es la única agricultura social, ambiental y ecológicamente sustentable y sostenible, no termine aplastada por la voracidad de la gran industria.

Para todo esto no será suficiente esta mesa, si puede ser un mojón para avanzar hacia el objetivo imprescindible para las grandes transformaciones, que es construir poder popular en las bases que garantice fortaleza y continuidad en las políticas públicas virtuosas como muchas ya logradas en éstos doce años.

Y pasar de este penoso espectáculo de dirigentes agrarios en la ruta cada cuatro meses exigiendo al gobierno mil pesos por hectárea, para entregárselos a los gigantes de la soja, o en el mejor de los casos sobrevivir por falta de propuestas y proyectos serios de desarrollo de producción, transformación y distribución en el marco de una fuerte alianza entre el estado y los productores organizados en esquemas asociativos para llegar al consumidor y expandir el beneficio hacia las bases populares.

Solo la unidad de productores, trabajadores y consumidores, con un fuerte compromiso del estado, garantizará una distribución, posesión y uso adecuado de la tierra, rentabilidad, salarios dignos y precios justos. Allí estará presente la tan ansiada Soberanía Alimentaria.


Adjuntos





HUMOR CAMPESTRE
COMERCIO SOLIDARIO
Máquinas > Ver últimos avisos
Vehículos > Ver últimos avisos
Servicios > Ver últimos avisos
Animales > Ver últimos avisos
Propiedades > Ver últimos avisos
Seguinos
           
Copyright© 2013 Diario digital el Campesino. Todos los derechos reservados.