FOROS POR UNA NUEVA INDEPENDENCIA
Por Esteban Branco Capitanich 
1 imagen [Click para ampliar]
El debate sobre la propiedad de la tierra y los modelos de desarrollo en los 200 años, desde la perspectica del Nordeste Argentino. La tierra, como madre de todo y de todos ha generado una disputa creciente con el paso del tiempo. Desde el fondo de la historia el hombre ha derramado su sangre por poseerla, por apropiarla, por acumularla.
Se han cruzado mares en pos de su conquista y millones de vidas se han ofrendado en el altar de su deseo. Nunca como lo que es, la madre de todo y de todos, que merece respeto, ser compartida, sino como un factor económico, luego, de poder. De América la historia dice que fue descubierta hace cinco siglos, como si su preexistencia no hubiese sido. Como que naciera a la naturaleza a partir de la avanzada colonizadora que no tuvo otro espíritu que la apropiación con características de banda, saqueo, desplazamiento y exterminio de sus habitantes originarios. Lo que nace para América hace cinco siglos es el sangrado de la tierra y sus hijos, drenando sus recursos hacia un viejo mundo, también llamado viejo no por antigüedad sino como rango de autoridad planetaria y cultural con espíritu de dominio sobre lo nuevo. Con la independencia Bernardino Rivadavia garantiza el pago de la célula madre de nuestra deuda externa con tierras públicas que quedan inmovilizadas en virtual hipoteca a favor de la Casa Baring Brothers. Entre 1822 y 1830 esas tierras, más 8,5 millones de hectáreas quedaron en manos de 538 propietarios, entre ellos, los Anchorena, Linch, Alzaga y Alvear, entre otros de los apellidos más prominentes de la oligarquía terrateniente y hacendada, que ya tenía tierras desde la época de la colonia y que hoy la acrecentaba recibiéndola a precios ínfimos, convirtiendo en millonarios a sus descendientes de tercera y cuarta generación como dueños de gran parte del suelo de la pampa húmeda. Viene de lejos la apropiación de las tierras públicas por intereses ajenos al conjunto y al desarrollo social de la nación, su puesta al servicio del imperio dominante en sus distintas formas y al siempre vigente modelo agroexportador. No habrá por lo tanto debate íntegro y conducente sobre la posesión, uso, disposición, y formas de tenencia de la tierra sin la consideración, en el marco global, del rol que el sistema de gobierno mundial le ha dado a cada región y país. Aquella vieja pero –con nuevas formas- siempre vigente división internacional del trabajo se expresa con contundencia en la batalla que por estas horas da la argentina soberana frente al poder financiero internacional. El voraz e insaciable capital especulativo, del que Paul Singer es solo un mandadero, y el juez Griesa un ejecutor a medida de sus intereses, no trata de cerrar sus fauces sobre la argentina por el dinero que estos carroñeros rapiñan. Lo que demanda el poder es obediencia, sumisión, y pérdida de decisiones soberanas para retomar la dominación y el saqueo. Y el saqueo tiene sus raíces en la tierra. Manda el poder que la riqueza que ella brota no debe ser compartida por sus hijos, por quienes la labran. La riqueza debe fluir con forma de deuda para que los labriegos vuelvan a ser el carbón que alimente las calderas que iluminan a un obsceno primer mundo que, no superando el 20% de la población, consume el 80% de los recursos en términos energéticos. Para ello, es imprescindible la concentración de la tierra en pocas manos, ya sea en propiedad, uso o disposición. Mucho se ha escrito sobre que la tierra es un recurso natural primario para la seguridad alimentaria, el crecimiento, la paz y la elevación social y económica. Más, en la realidad, y en el caso de los países a los que nos ha tocado el rol de productores de commodities, con el nuestro, lejos está de cumplirse aquel destino. Los agricultores familiares han sido masivamente desplazados por la siembra comercial en gran escala que imponen los paquetes tecnológicos produciéndose una creciente concentración de la tierra en cada vez menos manos, y la emigración de pequeños productores a los pueblos y ciudades. En el Chaco, la entrega de las tierras públicas productivas en propiedad ha sido un factor decisivo para la expansión de latifundios, ya que esas tierras, vendidas por el estado a valores ínfimos, rápidamente ingresaron al mercado inmobiliario y a manos de los propietarios con mayor poder de compra. La continuidad de este sistema y proceso lleva inexorablemente a una profunda crisis que afecta el acceso de nuevos agricultores familiares, la producción de alimentos y conduce a la superpoblación de pueblos y ciudades sin destino socialmente digno. La tierra como mercancía es incompatible con un desarrollo social y productivo sustentable. Es prioritario que el estado asuma el rol –que nunca debió abandonar- de regulador de éste recurso indispensable para la vida, y se evalúen formas de tenencia y uso que eviten la apropiación y concentración. Posibilitando además el acceso igualitario, la producción de alimentos, su transformación en origen por parte de los propios productores en el marco de las diversas formas de asociativismo que garanticen un sistema en el que el centro de la escena sea el hombre que trabaja la tierra y produce por sobre el actual que ha puesto en lo más alto el derecho de propiedad de pocos y la exclusión de las mayorías. 11 de setiembre de 2014-UNNE - RESISTENCIA, Chaco

HUMOR CAMPESTRE
COMERCIO SOLIDARIO
Máquinas > Ver últimos avisos
Vehículos > Ver últimos avisos
Servicios > Ver últimos avisos
Animales > Ver últimos avisos
Propiedades > Ver últimos avisos
Seguinos
           
Copyright© 2013 Diario digital el Campesino. Todos los derechos reservados.